Hombrecitos
Hombrecitos Transcurridos algunos dÃas, todos se alegraron al saber, por carta del señor Page, que Dan se portaba admirablemente. Pero tres semanas después llegó otra carta diciendo que se habÃa fugado y que se ignoraba su paradero.
Todos se entristecieron, y más que todos papá Bhaer, que murmuró:
—Debà concederle otro plazo para la enmienda.
TÃa Jo movió la cabeza y contestó discretamente:
—No te aflijas ni te preocupes por eso, Fritz; el niño volverá a esta casa, estoy segura de ello.
Pero fue pasando el tiempo y Dan no volvió.