Hombrecitos
Hombrecitos —Fritz, se me ha ocurrido una idea —exclamó cierto día mamá Bhaer, dirigiéndose a su marido, cuando éste salió de la escuela.
—Bueno, querida mía; dime cuál es.
—Daisy tiene necesidad de una amiguita, y para los niños sería mejor que hubiese otra compañera para ellos; además, recordarás que siempre pensamos en educar hombrecitos y mujercitas juntos. Los muchachos están fastidiando constantemente a Daisy, y tal vez se corrijan y mejoren su educación teniendo niñas al lado.
—Como de costumbre, has pensado acertadamente. Pero ¿dónde vamos a encontrar una niña…?
—Me he acordado de Annie Harding.
—¿Cómo? ¿Has pensado en la traviesa Nan?
—Sí, desde que murió su pobre madre está confiada a los criados, que, naturalmente, la educan muy mal; me da pena que así suceda, tratándose de una niña tan inteligente como Annie. El otro día vi a su padre en la ciudad, y le pregunté por qué no enviaba a la niña a un colegio; me contestó que la enviaría gustosísimo si lograse encontrar una escuela de niños. Me consta que le agradaría que nos encargásemos de la educación de Nan, y si esta tarde nos llegásemos a buscarla…
—¿Pero no tienes bastante trabajo, querida Jo, que quieres soportar un nuevo diablejo…?
