Hombrecitos
Hombrecitos —Atrévete a tomar aquella mata de ortigas —exclamó Zampabollos, señalando una planta junto a la tapia.
Nan, instantáneamente, arrancó de raÃz la espinosa mata y la blandió sin quejarse de las punzadas crueles que sufrÃa.
—¡Bravo! ¡Bravo! —clamaron los muchachos.
—Como tienes las manos curtidas, maldito el mérito de lo que has hecho —dijo Zampabollos—. ¿A que no te atreves a darte un buen cabezazo contra el granero?
—¡No le hagas caso! —murmuró Nat.
Nan, sin oÃr la advertencia, arrancó a correr y embistió contra el muro dándose un topetazo que retumbó como disparo de cañón. Tan tremendo fue el golpe, que se tambaleó.
—Ya ven que duele pero no me quejo.
—Atrévete a dar otro cabezazo —gruñó Zampabollos.
Nan se preparó a repetir la embestida, pero Nat la contuvo; Tommy se arrojó sobre Zampabollos y dijo zamarreándolo:
—¡Cállate o te rompo la cabeza contra la tapia!
—Pues que no se la dé de bravucona.
—¡Es una cosa muy fea hacer daño a una niña pequeña! —murmuró, en son de censura, Medio-Brooke.