Hombrecitos
Hombrecitos —¿Se habrá fugado de casa? —murmuró muy inquieta mamá Bhaer.
—Tal vez haya ido a la estación en busca de su equipaje —indicó Franz.
—¡Imposible! —observó tÃa Jo—, no conoce el camino, ni podrÃa venir desde tan lejos cargada con una maleta.
—Voy a enterarme —dijo papá Bhaer, tomando su sombrero.
En aquel, momento, Jack, que se habÃa asomado a la ventana, lanzó una exclamación de júbilo e hizo que todos, apresuradamente, salieran a la puerta de la casa.
Por el camino, a corta distancia, avanzaba Nan arrastrando una caja muy grande de cartón, envuelta en un saco de lienzo. Estaba sofocadÃsima, cubierta de polvo y al parecer muy fatigada, pero con la cabeza erguida; resoplando entró hasta la escalera, abandonó la carga con un suspiro de satisfacción, se sentó sobre el bulto, cruzó los brazos y dijo:
—No tuve paciencia para esperar y fui por el equipaje.
—¡Pero si no conocÃas el camino! —exclamó Tommy.
—Di con él; nunca me pierdo.
—Dista más de media legua, ¿cómo pudiste ir tan lejos?