Hombrecitos

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Aun cuando mamá Bhaer se dirigía a Nan, los demás recogieron la indirecta, se codearon y comenzaron, inconscientemente, a pedirse las cosas diciendo «me haces el favor» y a recibirlas murmurando: «gracias», y a contestar siempre, con inusitado respeto: «sí, señora» y «no, señora». Nan calló, pero logró contenerse y no hacer cosquillas a Medio-Brooke, resistiendo la tentación en vista del aire digno del chico. Después, la traviesa muchachita pareció olvidar su aversión hacia los niños, porque se dedicó a jugar con ellos al escondite. Zampabollos, durante el juego, obsequió a Nan con varios dulces. La pequeña, suavizada por el obsequio, dijo, antes de acostarse:

—Cuando me traigan mi raqueta y mi volante, los dejaré a todos jugar con ellos.

A la mañana siguiente, tan pronto se despertó, preguntó:

—¿Han traído mi equipaje…?

Al enterarse de que el equipaje llegaría más tarde, torció el gesto y encolerizada dio una gran azotaina a la muñeca, con gran pena de Daisy.

Mal o bien, estuvo distraída hasta las cinco; después desapareció, y, creyendo que se había ido con Tommy y con Medio-Brooke, nadie la echó de menos hasta la hora de comer.

—La vi salir de casa, corriendo —dijo Mary-Ann.


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