Hombrecitos
Hombrecitos Mamá Bhaer rogó a Nat que la ayudara, por medio de la música, a despertarla inteligencia nublada y dormida del infeliz chico. Muy satisfecho con esto, Nat sonreía y acariciaba a Billy y lo regalaba con la más dulce música.
Jack se entretenía comprando y vendiendo; quería imitar a un tío suyo, comerciante, que obtenía cuantiosos beneficios. Jack había visto adulterar azúcares y melaza, mezclar la manteca con margarina, aguar los vinos y otras cosas por el estilo, y creía que tales «habilidades» eran lícitas en los negocios. Comerciaba, naturalmente, en pequeña escala; vendía gusanitos al precio más caro posible y siempre resultaba ganancioso al cambalachear cuerdas, cuchillitos y anzuelos con sus camaradas. Le apodaron «Pie de pedernal», pero el mote no le inquietó; sólo se preocupaba de las ganancias.
Llevaba un libro de contabilidad curiosísimo; en cuestiones de cuentas era un águila. El señor Bhaer lo reconocía y se esforzaba por hermanar la delicadeza y la honradez al espíritu mercantil del niño. Andando el tiempo, Jack reconoció el acierto de su buen maestro.