Hombrecitos
Hombrecitos —A mamá Bhaer le agrada que juguemos con los niños, siempre que éstos se conduzcan correctamente; estamos, pues, obligadas a celebrar bailes para irlos educando —observó Daisy, mientras arreglaba la mesa.
—Tu hermano y Nat serán buenos; pero Tommy hará algún desastre —advirtió Nan.
—Pues yo haré que se vaya —afirmó Daisy.
—Los caballeros no deben dar lugar a que los echen.
—Bueno, pues no le invitaremos más si no se porta bien.
—Eso mismo, y asà rabiará. ¿Verdad que rabiará…?
—¡De seguro! Celebraremos un banquete espléndido; sopa de verdad, en sopera y con cucharón; un pajarito que hará muy bien el papel de pavo, salsas variadas y «veguetales» escogidos. —Daisy no podÃa pronunciar la jota y habÃa renunciado a decir vegetales.
—Han dado las tres y tenemos que vestirnos —murmuró Nan, que se arreglara un traje para la fiesta y querÃa lucirlo cuanto antes.
—Yo, como soy la mamá, no debo engalanarme mucho —habló Daisy, encasquetándose un gorro de dormir adornado con un lazo grana; una falda larga y vieja, de tÃa Jo; un chal, un amplio pañuelo de bolsillo y unas gafas. Con todo, parecÃa una anciana rechoncha y coloradita.