Hombrecitos
Hombrecitos Las dos parejas bailaron desesperadamente valses, polcas, gavotas y danzones. Las damas bailaban a gusto; los galanes, por el afán de ganarse la merienda. Cuando se cansaron, se interrumpió el baile, y la doncella Bess sirvió almÃbar y agua en copas, tan pequeñas, que algunos se bebieron nueve.
—Ahora, don John, debe usted invitar a mi hija para que toque el piano y cante.
—¿Quiere usted hacernos el favor de tocar el piano y cantar, señorita? —dijo Medio-Brooke, sin saber dónde habÃa piano.
La señorita Smith se dirigió a la mesa, levantó el pupitre, tomó asiento y golpeando con los nudillos, y a puñetazo limpio, acompañó una canción nueva que empezaba:
¡Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá!
Si vendrá para la Pascua,
o por la Navidad.
Los caballeros aplaudieron con entusiasmo, y la artista, entonces, cantó romanzas tan originales como las de:
Rey moro tenÃa tres hijas,
todas tres como la plata;
la más chiquita de todas
Delgadina se llamaba.