Hombrecitos
Hombrecitos Antes de que los caballeritos se escabulleran, entró mamá Bhaer; las damas hicieron el relato de sus cuitas.
—Se han acabado los bailes para estos niños, hasta que logren, mediante algún hecho agradable, que los perdonen —dijo tía Jo.
—Pero si era una broma —insinuó Medio-Brooke.
—No quiero bromas que hagan llorar. Estoy muy disgustada; nunca creí que molestaras a Daisy, que es una criatura cariñosa y buena.
—Dice Tommy que todos los niños deben molestar siempre a sus hermanas.
—Pues para que eso no ocurra, se irá Daisy de casa, y no podrá verla ni jugar con ella —afirmó mamá Bhaer.
Ante esa terrible amenaza, Medio-Brooke tocó con el codo a su hermana, y Daisy se apresuró a enjugar el llanto. La separación era el castigo más terrible para los gemelos.
—Nat fue malito, Tommy peor que todos —exclamó Nan.
—Yo estoy arrepentidísimo —murmuró Nat.
—¡Yo no he sido! —gritó Tommy, por el agujero de la cerradura, tras de la cual escuchaba la conversación.
La tía Jo, conteniendo la risa, ordenó gravemente: