Hombrecitos
Hombrecitos —Te esperaba, y me alegro de verte, Dan.
Entonces el muchacho despertó por completo, pareció recordar dónde se hallaba, y cambiando de expresión y de acento, murmuró con la reticencia de antaño:
—Iba de paso, y me detuve un momento.
—¿Porqué no has entrado…? ¿No oíste que te llamábamos…? ¿No viste que Teddy salió a buscarte…?
—Pensé que no me permitirían entrar —balbuceó.
—Vamos a ver a tu amigo Teddy.
Dan suspiró, aliviado, y avanzó hacia la casa. De repente se detuvo y dijo:
—Papá Bhaer se enojará; escapé del señor Page.
—Lo supo y lo sintió; pero no importa. ¿Te lastimaste?
—Tengo magullado un pie; me cayó encima una piedra, al saltar un muro —afirmó Dan disimulando su dolor.
Entraron en la habitación de mamá Bhaer, y el muchacho cayó pálido y desfallecido sobre una silla.
—¡Pobre Dan! Bebe unos sorbitos de vino y en seguida te daré de cenar; estás en casa y mamá Bhaer te cuidará.