Hombrecitos
Hombrecitos Mamá Bhaer, que examinaba la herida del pie, y comprobó que era seria, exclamó enternecida:
—¿Cuándo te hiciste esto…?
—Hace tres dÃas.
—¿Y has podido andar…?
—Me apoyaba en un cayado; me lavaba en los arroyos, y me vendé con un trapo que me dio una mujer.
—Es preciso que papá Bhaer te cure —dijo tÃa Jo, saliendo presurosa y dejando abierta la puerta.
Dan oyó a la bondadosa señora informar a su marido del regreso del ausente y de sus aventuras durante el pasado mes. Al terminar el relato, mamá Bhaer preguntó a su esposo:
—El pobre Dan quiere saber si lo perdonas y lo recibes de nuevo. ¿Qué le contesto…?
—¿Ha dicho que quiere ser perdonado y admitido en esta casa…?
—Lo ha dicho con el lenguaje de los ojos, con las penalidades que ha arrostrado por vernos, y con las frases que le oà entre sueños. ¿Puede quedarse aquÃ…?
—Claro que sÃ. Indudablemente ese muchacho siente algún cariño hacia nosotros y serÃa una crueldad despedirlo.