Hombrecitos
Hombrecitos —Ya lo creo que lo verás —afirmó tÃa Jo, muy satisfecha al ver lo contento y animado que se hallaba Dan.
—HacÃa que los pájaros se le acercasen; los conejos y las ardillas no le temÃan, ni se asustaban de él, porque no les hacÃa daño. ¿Ha visto usted alguna vez hacerle cosquillas a un lagarto, con una paja? —preguntó el muchacho.
—No, pero me gustarÃa verlo.
—Pues yo sé cómo se hace, a los lagartos les gusta mucho y se ponen panza arriba. El señor Hyde llamaba a las culebras silbando; sabÃa la hora exacta en que se abrÃa cada flor: y las abejas nunca lo picaban, y contaba cosas maravillosas de las moscas y de los peces, de los indios y de las rocas.
—Veo que te gustaba más salir con el sabio naturalista que estar con el señor Page.
—SÃ; me gustaba mucho más salir de expedición que pasarme el dÃa cavando y escardando. El señor Page se reÃa de su amigo y le llamaba holgazán cuando pasaba horas enteras contemplando una trucha o un pajarito.
—El señor Page es un labrador y para él nada es más interesante que la labranza. Si tienes afición a los trabajos del señor Hyde, en el campo y en los libros, estudiarás y aprenderás cuanto necesites y desees. Pero quiero que, además, te ocupes en otra cosa.
—SÃ, señora.