Hombrecitos
Hombrecitos —¿Ves ese escritorio con doce cajones…?
Dan, que conocÃa el mueble y sabÃa que allà se guardaban papel, clavos, cuerdas y objetos útiles, contestó:
—SÃ, señora.
—¿No los crees muy adecuados para guardar ordenadamente tus colecciones…?
—¡Vaya que sÃ! ¡Son admirables para el caso!
—Bueno, pues hagamos un trato: por cada mes del año que cumplas bien con tus deberes, te cedo uno de los cajones para ir guardando tus tesoros. Las recompensas son siempre buenas: se comienza amando el bien por el bien mismo.
—¿No hay recompensas para usted, señora…?
—Vuestro buen comportamiento es mi mejor premio. DecÃdete a conquistar los cajones y obtendrás dos recompensas: una, la del cajón, y otra, la satisfacción del deber cumplido. ¿Me entiendes…?
—SÃ, señora.