Hombrecitos
Hombrecitos —Las «canguegos» se han «espapado» y el «gande pomiendo» a los «chitititos».
Acudieron Medio-Brooke y la tía Jo, y vieron al muchachito encaramado en una silla contemplando a dos cangrejillos que se habían escapado por entre los alambres de la jaula y corrían desesperadamente; otro cangrejín, asustado, trepaba por la jaula; el terror de los animalitos se comprendía; el cangrejo mayor se había instalado junto al bebedero de la jaula y sujetando con un palpo a un cangrejillo, lo comía tranquilamente, habiendo ya devorado dos o tres patas. Los niños se rieron del espectáculo; mamá Bhaer llevó la jaula a Dan, para que viese al antropófago, y Medio-Brooke encerró a los fugitivos bajo una cacerola.
—Tendré que dejarlos ir, ya que no podemos guardarlos —murmuró tristemente Dan.
—Dime cómo hay que cuidarlos y los cuidaré, mientras te curas; dime si podrán vivir con mis galápagos —exclamó Medio-Brooke.
Dan dio amplias instrucciones sobre las costumbres cangrejiles, y Medio-Brooke se marchó a instalar a los huéspedes en su nueva casa.
—¡Qué bueno es este niño! —murmuró Dan.
—Así debe ser, porque así se lo han enseñado.