Hombrecitos
Hombrecitos —¡Dichoso él que ha tenido quien lo eduque y quien le enseñe a ser bueno! —suspiró Dan, recordando la orfandad en que se viera desde que tuvo uso de razón.
—Bueno, pues tú ya tienes quien te eduque y quien te enseñe, y ya verás cómo serás bueno. ¿Recuerdas que papá Bhaer, cuando estuviste aquà la otra vez, te habló de la necesidad de ser bueno y de pedir ayuda a Dios…?
—SÃ, señora —contestó a media voz el niño.
—¿Procurarás hacerlo…?
—SÃ, señora —afirmó Dan, bajando más la voz.
—ConfÃo en ello y ya veré si cumples lo que prometes. Toma, lee esta historia de un niño que se lastimó un pie y supo sufrir con valentÃa el dolor.
TÃa Jo entregó al muchacho el libro Los niños de Crafton, y lo dejó solo una hora, entrando y saliendo de vez en cuando, para que el paciente no se creyese abandonado. Aun cuando a Dan no le agradaba leer, le interesó tantÃsimo el libro, que el tiempo se le hizo muy breve. Al oscurecer regresó la tropa infantil. Daisy obsequió al herido con un ramo de flores silvestres; Nan se ofreció a servirle la cena; abrieron la puerta del comedor y Dan comió viendo comer a sus camaradas, que le hacÃan signos amistosos.