Hombrecitos
Hombrecitos —¿Te agradarÃa dar un paseo antes de que tus compañeros vuelvan…? El carruaje es grande, cómodo y suave de movimientos; respirar aire libre te hará bien. Medio-Brooke, busca un almohadón y un abrigo, y lo llevaremos.
Los niños saltaron de gozo; Dan, muy complacido, preguntó, en inesperado arranque de respeto:
—¿Le parecerá bien a la señora Bhaer…?
—Sin duda; todo esto ya lo hemos convenido.
—Pero si no han hablado nada de este paseo, ¿cómo han llegado a ponerse de acuerdo? —insinuó Medio-Brooke.
—Nos entendemos sin hablarnos, gracias a un telégrafo perfeccionado que empleamos.
—Yo sé cómo: con los ojos. Usted levantó la cabeza e indicó el carruaje con la mirada, y mamá Bhaer sonrió e hizo un gesto afirmativo —murmuró Nat, que se encontraba muy a gusto junto al señor Laurie.
—Bueno, pues, vamos allá.