Hombrecitos
Hombrecitos —¿La hacen rabiar mucho los niños…?
—SÃ; pero lo evito cuando puedo y obtengo buen resultado. Ya has visto lo bien que te ha saludado, y lo afectuosa que se muestra con Bess. El ejemplo de Daisy es muy beneficioso, y espero conseguir maravillas.
En ese momento apareció Nan, corriendo desaforada y guiando un tiro de cuatro niños. Daisy asomó detrás, empujando una carretilla dentro de la cual iba Bess. Desgreñados, polvorientos, gritando, chasqueando látigos llegaron los chicuelos como manada de potros salvajes.
—¿Estos son los niños modelos? ¿Estas son las maravillas de una escuela de educación moral y de buenos modales…? ¡BravÃsimo! —exclamó el señor Laurie riéndose de las prematuras satisfacciones de tÃa Jo ante los progresos de Nan.
—RÃete; sin embargo, conseguiré mis propósitos; te repito lo que tú decÃas: «Aun cuando el experimento no ha sido satisfactorio, el hecho es y será cierto».
—Me temo que en vez de influir Daisy sobre Nan, sea ésta la que contagie con el mal ejemplo a aquélla. ¡Mira mi Princesita! Se ha olvidado de su dignidad y grita desaforadamente como todos. ¿Qué significa esto, señoritas? —exclamó el señor Laurie, tomando a su hija que chasqueaba un látigo sobre los cuatro muchachos que actuaban de indómitos caballos.