Hombrecitos
Hombrecitos —No estarÃa de más leer algo referente a la utilidad del jabón para la limpieza de las manos. Pero tú, Teddy Laurie, como fundador de este museo, estás obligado a dirigirnos la palabra. Puedes contar conque te aplaudiremos.
Viendo que no habÃa escapatoria, el señor Laurie habló asÃ, con su jovialidad acostumbrada:
—Este museo debe ser motivo de recreo y fuente de enseñanza. No basta con que coleccionen. Es necesario que conozcan lo que coleccionan y que puedan explicarlo cuando alguien les pregunte. Yo sabÃa algo de esto; poca cosa, ¿verdad, Jo…?; pero ya se me ha olvidado. Pero tienen a Dan que conoce muchÃsimo sobre historia, costumbres y curiosidades de pájaros y de insectos. El será el director-conservador del museo. Una vez por semana deben venir a leer un trabajo escrito o estudiado por ustedes acerca de algún animal, vegetal o mineral. Esto será provechoso para todos. ¿Verdad, maestro Bhaer…?
—Indudablemente. Desde ahora ofrezco mi ayuda incondicional; lo malo es que hacen falta libros y tenemos pocos. Nos convendrÃa una biblioteca especial.
—¿Qué libro es ese, Dan? —preguntó el señor Laurie, señalando un volumen abierto sobre la mesa.