Hombrecitos
Hombrecitos —El que usted ha traído. Habla de todo lo que deseo saber acerca de los insectos. Ahora mismo he aprendido cómo se han de clavar las mariposas; conviene tenerlas en cajas cerradas, para que se conserven mejor —contestó el muchacho, alargando el volumen.
—Dame —exclamó tío Teddy, y escribió, con lápiz, en el libro, el nombre de Dan. Luego, depositando el volumen en un estante donde sólo había un pajarito disecado, sin cola, añadió—: Este es el comienzo de la biblioteca del museo. La iré aumentando. Medio-Brooke la cuidará y la tendrá en orden, será nuestro bibliotecario. Jo, ¿dónde estarán los libros que leíamos sobre «Arquitectura de los insectos», de batallas de hormigas, de reinas, avispas y de otros bichos curiosos…?
—Deben estar en la bohardilla. Los buscaré y estudiaremos en ellos —respondió mamá Bhaer.
—¿Será difícil escribir sobre estas cosas…? —preguntó Nat, que aborrecía el trabajo de composición.
—Acaso sea al principio; pero después les agradará.
Se acordó que fuesen los miércoles los días destinados a las disertaciones, y hubo quien anunció que preferiría hablar a leer. Papá Bhaer prometió un álbum, para conservar los trabajos escritos, y aseguró que asistiría puntualmente.