Hombrecitos
Hombrecitos —Bueno, señora —contestó alegremente Silas—; ¿usted quiere sobornarme…? ¡Pues me dejo sobornar…!
—¡Niños! ¡Pueden ir todos! —exclamó tÃa Jo.
—Por ti, he ideado esta combinación. No andes mucho: siéntate y dedÃcate a buscar objetos para tus colecciones.
—¡Yo voy! ¡Yo voy! —exclamó regocijadamente Rob.
—SÃ, hijo mÃo, Daisy y Nan tendrán mucho cuidado contigo. Silas irá a buscarlos a las cinco.
Rob abrazó agradecido a su madre, y le ofreció llevarle todas las moras que recogiera, sin comerse ni una.
Alborotadamente se instalaron todos en el carro, mostrando Rob especial contento al verse entre las dos niñas que, como madrecitas temporales, se brindaron a cuidarlo.
¡Qué tarde tan feliz disfrutaron los excursionistas, a pesar de los contratiempos inevitables en estas salidas!
Tommy pasó un mal rato, al caer sobre un nido de tábanos, que le picaron sañudamente; el chico aguantó con valentÃa el dolor, hasta que Dan recomendó que se aplicase tierra mojada sobre las heridas, con lo cual se alivió mucho.