Hombrecitos
Hombrecitos El carro rodó chirriando y dando tumbos, conduciendo a los cansados niños, con abundante provisión de moras.
Tía Jo se puso muy seria al enterarse, y mandó a Franz montar en el borriquillo y salir a buscar a los retrasados expedicionarios. Al terminar la cena, Franz apareció polvoriento y bañado en sudor, exclamando:
—¿No han vuelto…?
—No.
Tía Jo se levantó bruscamente.
—No he logrado dar con ellos —dijo Franz.
—¡Hola! —gritaron Jack y Emil, entrando en la casa.
—¿Dónde están Nan y Rob? —preguntó tía Jo.
—No lo sé. ¿No han vuelto con todos…?
—No. Tommy aseguró que habían ido con ustedes.
—Pues no los hemos visto. Hemos venido por el bosque y nos bañamos en el estanque —declaró Jack alarmado.
—Llamen a papá Bhaer; traigan las linternas, y avisen a Silas.