Hombrecitos
Hombrecitos Nan se benefició muchísimo con la convivencia de aquella que, aun siendo muy pequeña, estaba muy bien educada. Bess miraba a Nan con admiración y miedo; y cuando la oía gritar y patalear, la contemplaba aterrada, abriendo enormemente sus ojazos azules, y huía de ella como de un animal salvaje. Esto disgustaba mucho a Nan. Al principio decía: «¡Bah! ¡No me importa!». Pero le importaba y se le oprimió el corazón cuando Bess manifestó: «Yo “chero” mucho a mi “pirra” Daisy, “poque” es muy buena»; se hartó de darle estrujones y empujones a Daisy, y huyó luego al granero para llorar allí desconsolada. Allí, refugio de tristes y afligidos, solía encontrar la traviesa muchacha calma y buenos consejos. Acaso las golondrinas, desde los nidos de barro labrados en la techumbre, le ofrecían, entre gorjeos, lecciones de sensatez y de ternura. Lo cierto es que salió amansada y buscó en la huerta manzanas dulces tempranas que agradaban mucho a Bess. Con esta ofrenda de paz, llegóse humildemente a la princesa, y tuvo la dicha de ver aceptado el obsequio.