Hombrecitos
Hombrecitos —Bueno; pues las niñas aprenderán cuanto yo pueda enseñarles, y hasta si se resignan, latÃn, álgebra y otras cosas que de nada les servirán, pero que ahora impone el buen tono. Amy, que está educando exquisitamente a Bess, le ha enseñado ya numerosos bordados, que estima en más que el pájaro de barro sin pico que modeló y fue orgullo de Laurie.
—También tengo una prueba de la influencia de la Princesita. Jack está disgustado de que Su Alteza lo trate con igual desvÃo que a Zampabollos y que a Ned. Hace un rato me ha rogado que le cauterizara las verrugas. Se lo habÃa propuesto muchas veces, pero siempre se negaba; ahora aguantará la cauterización, y se consuela con la esperanza de obtener el favor de Su Alteza cuando tenga las manos limpias.
Mamá Bhaer soltó la carcajada.
En aquel momento entró Zampabollos a preguntar si podrÃa ofrecer a Bess parte de los bombones que recibiera.
—¿Se los comerá? SentirÃa que le hiciesen daño —observó el muchacho mirando el dulce, pero sin tocarlo.
—No; si le digo que son para mirarlos y no para comerlos, los guardará semanas enteras sin probarlos. ¿Te atreverÃas tú a hacer otro tanto…?
—SÃ, señora. ¡Por algo soy mayor que Bess! —contestó indignado Zampabollos.