Hombrecitos
Hombrecitos —Te traemos dos pitos nuevos, para que te acuerdes de nosotros —manifestaron Dick y Dolly.
—Tengo que hacerte un registro para tus libros, y espero que lo conservarás siempre —observó Nan, abrazándola.
La despedida más conmovedora fue la del propio Billy. No se resignaba a perder a su Ãdolo, y cayó de rodillas sollozando:
—¡No te vayas! ¡No te vayas!
Bess, emocionada, le dijo:
—No llores, querido Billy. Toma un beso. Volveré pronto.
—¡Yo quiero un beso! ¡Yo quiero un beso! —clamaron Dick y Dolly.
—¡Y yo! ¡Y yo! —insinuaron los demás.
La princesita abrió los brazos y murmuró:
—¡Besaré a todos!
Como enjambre de abejas a una flor, los muchachos rodearon a Bess y la besaron con delicadeza y entusiasmo, hasta enrojecerle las mejillas. Luego, Su Alteza se alejó con tÃo Laurie, sonriendo y saludando con la mano, mientras los niños chillaban como bandada de gallinas: «¡Que vuelvas! ¡Que vuelvas…!».
Todos la extrañaron y todos fueron mejores por influencia de aquella criatura tan bella, tan delicada, tan buena. Bess les despertó el instinto caballeresco, la admiración y el respeto.