Hombrecitos
Hombrecitos Una de las cosas que más le dolieron a Nat, después de la desaparición del dólar, fue que Tommy, cariñosa pero resueltamente, le habló asÃ:
—Oye, no quiero perjudicarte, pero tampoco debo perjudicarme; asà que no podemos continuar siendo socios —y dicho esto borró el letrero «Thomas Bangs y CÃa.».
—¿De veras, Tommy? —suspiró apesadumbrado Nat, que cumpliera muy bien con su deber de buscar huevos, y llevara escrupulosamente las cuentas.
—SÃ. Emil dice que cuando un hombre defrauda (creo que ésta es la palabra para expresar que toma dinero y se lo lleva) una firma social, el otro debe denunciarlo, so pena de hacerse cómplice. Tú has defraudado la razón social; no te denunciaré ni me haré cómplice tuyo, pero debemos disolver la sociedad, porque no puedo tener confianza en ti.
—DarÃa cuanto poseo por que creyeras en mi inocencia, pero veo que es imposible. Déjame que gratuitamente recoja los huevos; sabes que la tarea me agrada.
—No puede ser. Lo que siento es que conozcas los rincones. Espero que no irás furtivamente a apoderarte de los huevos.