Hombrecitos
Hombrecitos —Si te caes, te matas —contestó Ned.
—¡Agárrate bien! —gritó Dan, trepando velozmente hasta la rama en que se hallaba Jack.
—Se estrellarán los dos —dijo Ned a Nat, angustiado.
Dan, tranquilamente, se montó sobre la rama y la hizo descender hasta que Jack pudo saltar a tierra; pero, en aquel momento, aligerada de la mitad del peso la rama volvió a suposición normal con tal violencia que hizo caer a Dan.
—No me he hecho daño —exclamó, algo pálido y desconcertado, mientras los niños lo rodeaban llenos de admiración y de miedo.
—Eres un valiente, Dan, y te estaré siempre agradecido —murmuró Jack.
—No vale la pena —contestó Dan, levantándose.
—Sí, sí, y te daré un apretón de manos, aun cuando eres… —Ned calló la frase final, y le tendió la mano, reconociendo la valerosa acción.
—Yo no le doy la mano a una culebra —contestó Dan. Ned, recordando el remojón en el arroyo, no protestó.
—Vamos a casa, compañero; yo te curaré —indicó Nat, dejando a los muchachos comentar y celebrar la hazaña…