Hombrecitos
Hombrecitos Al dÃa siguiente, el señor Bhaer apareció satisfechÃsimo en la escuela; los chicos creyeron que el maestro se habÃa vuelto loco cuando lo vieron ir derecho a Dan, estrecharle calurosamente las manos y decir:
—Sé todo lo ocurrido, y te pido perdón. Es una acción propia de ti, y que me hace quererte más; aunque nunca se debe mentir, asà sea en favor de un amigo.
—¿Qué pasa? —preguntó Nat, al ver que su compañero, aunque satisfecho, guardaba silencio.
—Dan no tomó el dinero de Tommy —exclamó alegremente papá Bhaer.
—¿Quién lo tomó…? ¿Quién lo tomó…? —preguntaron todos.
El maestro señaló un asiento desocupado; los chicos siguieron la indicación, y quedaron tan sorprendidos, que, durante un momento, reinó en el lugar silencio profundo.
—Jack se marchó esta mañana, muy temprano, dejando esta carta sujeta al llamador de la puerta —exclamó el señor Bhaer, leyendo lo siguiente.