Hombrecitos

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CAPÍTULO 15

El viejo sauce fue testigo de muchas escenas y recibió muchas confidencias aquel verano. Los niños hicieron del árbol su retiro predilecto, y pasaron en él horas deliciosas. Un sábado, el sauce fue muy visitado. Varios pajaritos contaron lo que allí pasó.

Primero llegaron Nan y Daisy con baldes y pedacitos de jabón, dispuestas a lavarla ropa de las muñecas. Asia no consentía que lavasen en la cocina, y el lavado en el cuarto de baño estaba prohibido desde que, una vez, Nan dejara el grifo abierto, e inundara la casa.

Daisy emprendió la tarea, lavando primero la ropa blanca y luego la de color, poniéndola a secar en una cuerda tendida entre dos árboles, y sujetando las prendas con pinzas chiquitas de madera, que Ned le fabricó.

Nan dejó todos los trapitos en remojo dentro del balde y se olvidó de ellos para cortar flores de cardo con las cuales pensaba llenar una almohada destinada a una muñeca llamada nada menos que Semíramis, reina de Babilonia.

En esta tarea invirtió el rato; y, cuando en funciones de «señora de Giddygaddy» fue a dar vuelta la ropa, se encontró con todas las prendas llenas de manchas verdes, porque había dejado entre ellas una cofia de seda verde que manchó las batas azules y las camisitas y enaguas blancas.

—¡Válgame Dios! ¡Qué desgracia! —exclamó.


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