Hombrecitos
Hombrecitos —Gracias, doctor «Giddygaddy». Tenme por cliente tuyo —dijo Emil; alejándose riendo pero agradecido, se volvió para decir—: Doctor, el viento se lleva los trapos que tienes ahÃ.
Pasando por alto el irrespetuoso epÃteto, bajaron de prisa las niñas a recogerla ropita lavada y ya seca, y se fueron a casa para encenderla cocinita y planchar.
Leve ráfaga de viento movió el viejo sauce, que pareció reÃr blandamente por lo que acababa de escuchar. Momentos después, otra pareja de pajaritos se encaramó al nido del árbol, para charlar confidencialmente.
—Bueno, amigo Nat, voy a revelarte el secreto.
—Empieza cuando quieras, querido Tommy.
—Oye; nuestros compañeros hablaban, hace poco, acerca «del último e interesante caso de circunstancial evidencia» —exclamó el muchacho, citando, disparatadamente, frases de un discurso pronunciado en el club por Franz—, y yo propuse que en prueba de afecto, de respeto y de… ¿ya me comprendes?, ofreciéramos a Dan algún recuerdo bonito y útil. ¿Qué crees que hemos elegido…?
—Una manga para cazar mariposas; es lo que más necesita —contestó Nat, lamentando que se le anticiparan, pues ése era el obsequio que él preparaba a su amigo.