Hombrecitos
Hombrecitos —No he conocido a mis abuelas. Era una viejecita muy rara que vivÃa en una casa ruinosa, sin más compañÃa que diecinueve gatos. DecÃan que era bruja, pero no era verdad. Conmigo era muy cariñosa y me dejaba calentarme en su chimenea, cuando yo huÃa de los malos tratos del asilo.
—¿Has estado en un asilo…?
—Poco tiempo; pero eso ni viene al caso ni te importa; no… me gusta recordarlo —contestó Dan.
—Háblame de los gatos —suplicó Medio-Brooke, lamentando su indiscreción.
—Sé que tenÃa siempre muchos y que los encerraba en un tonel por las noches; yo me entretenÃa en soltarlos y en verlos correr; entonces, la vieja, regañando y gritando furiosamente, los perseguÃa, los atrapaba y los encerraba de nuevo.
—Pero ¿los trataba bien?
—Creo que sÃ. ¡Pobrecilla! RecogÃa a todos los gatos perdidos y enfermos de la población y cuando alguien necesitaba un gatito acudÃa a Marm Webber, que lo proporcionaba de la clase y del pelo que se le pedÃa, satisfecha con cobrar nueve peniques y saber que los animalitos estarÃan bien cuidados.
—Me gustarÃa conocer a Marm Webber. ¿Podré conocerla si voy alguna vez por ese pueblo…?
—Ha muerto. Toda la gente que yo conocà antes de venir a Plumfield ha muerto…