Hombrecitos
Hombrecitos —Bueno; tenemos que contar con el permiso de papá Bhaer. Emil protestará, pero a él no se le puede confiar un caballo, y a ti sÃ. A propósito, mañana es dÃa de mercado. PodrÃas ir arreglando el carrito, y encargándole a Silas que prepare la fruta y las legumbres. Habrá que madrugar mucho, para volver a la hora de la escuela. ¿Te atreves…?
—Convenido.
Y dicho esto, Dan fue a ponerle cuerda nueva a su látigo, a preparar el carrito, y a dar las órdenes a Silas.
—Antes de que se canse de esto, ya inventaré otra cosa para que descargue su fogosa actividad —dijo tÃa Jo, al escribir la lista de los encargos, y lamentando que todos los niños no se parecieran a Dan.
Papá Bhaer no aprobó del todo el proyecto, pero accedió a que se hiciera a tÃtulo de ensayo; esto hizo concebir planes estupendos a Dan.
A la mañana siguiente, el muchacho se levantó muy temprano; resistió heroicamente la tentación de jugar y correr con los aldeanitos que llevaban la leche a la ciudad; estuvo en el mercado; despachó concienzudamente todos los encargos, y regresó a la hora de la escuela, con gran sorpresa del maestro, y enorme satisfacción de tÃa Jo.