Hombrecitos
Hombrecitos El Comodoro se disgustó, envidiando la preferencia otorgada a Dan; pero se conformó con un lindo candado para su nuevo arsenal, y pensó, además, que los marinos debÃan ocuparse de cosas más importantes que guiar carritos y hacer recados domésticos. Dan, durante muchas semanas, desempeñó su nuevo oficio admirablemente, sin pensar en vagabundeos ni en travesuras.
Pero un dÃa el profesor lo sorprendió golpeando a Jack, que procuraba defenderse y pedÃa socorro.
—¡Creà que no volverÃas a las andadas, Dan!
—Era una broma. Estábamos jugando —murmuró el muchacho.
—Me ha pegado en serio —dijo Jack.
—Empezamos en broma, pero luego no pude dominarme y apreté. Siento haberte hecho daño, compañero —exclamó Dan avergonzado.
—Te comprendo. No has podido resistir el deseo de golpear. Eres algo asà como el famoso corsario Berserker, y el pelear es para ti tan necesario como la música para Nat.
—No puedo contenerme. Mira, Jack, te agradeceré que no me propongas que volvamos a luchar en broma.