Hombrecitos
Hombrecitos —Lo dudo —murmuró Dan, viendo al señor Laurie alejarse con papá Bhaer.
Deseo vivÃsimo asaltó al muchacho de montar al potro; el animal estaba junto a la empalizada, como brindando tentadoramente el lustroso lomo. Sin pensar en el peligro, mientras «PrÃncipe» comÃa la manzana que su amigo le llevara, éste, con gran agilidad, se dejó caer y cabalgó sobre el potro. En realidad, apenas si llegó a cabalgar; «PrÃncipe» resopló asombrado, dio un salto y arrojó al suelo a Dan. El muchacho no se hizo daño, porque el césped era blando, se puso de pie y exclamó riendo:
—¡Ha sido una broma! ¡Ven acá, bribonzuelo, y ensayaré de nuevo!
«PrÃncipe» no se prestó a que el experimento se repitiera, y Dan se marchó resuelto a conseguir su propósito.