Hombrecitos
Hombrecitos —Es verdad, me olvidaba de… Tiene la palabra —murmuró el maestro sentándose, mientras los demás niños, excepto Dan, mostraban inquieto regocijo.
Nat, Tommy y Medio-Brooke salieron y volvieron, casi inmediatamente, con una cajita de tafilete rojo sobre una bandeja de plata, cedida por tÃa Jo. Tommy la llevaba escoltado por sus dos compañeros; y se dirigieron a Dan, que los miró extrañado, creyendo que se trataba de una burla. Thomas tenÃa preparado un gran discurso, pero, al irlo a pronunciar, se le olvidó y dijo con sencillez:
—Compañero: sentÃamos todos la necesidad de demostrarte nuestro afecto y de compensarte de algún modo por lo ocurrido. Recibe este obsequio, que deseamos te sea útil.
Dan, sorprendido y ruboroso, balbuceó: «¡Muchas gracias!», pugnando por abrir la cajita. Cuando vio lo que contenÃa, se le iluminó el rostro, tomó el tesoro tan anhelado y exclamó con entusiasmo que satisfizo a todos:
—¡Anda, anda! ¡Viva! Son unos compañeros increÃbles. Tommy, ¡choca esos cinco!
Hubo abundantes y cordialÃsimos apretones de manos. Los chicos estaban contentÃsimos viendo tan regocijado a Dan, y lo rodearon, admirando el microscopio.
El muchacho miró con gratitud a tÃa Jo y ésta dijo: