Hombrecitos
Hombrecitos —No me agradezcas nada. Esto es cosa exclusiva de tus compañeros.
—Bueno; es igual —contestó Dan, estrechando con profundo reconocimiento las manos de los señores Bhaer; aquellas manos lo habÃan guiado y conducido al seguro refugio de un hogar feliz.
Teddy abrazó al héroe de la fiesta y le dijo:
—¡Mi «Danny»! ¡«Danny»…! ¡Ya te «cheren» todos aquÃ!
—Enséñanos el microscopio y déjanos ver algunos de esos infusorios y animalÃculos, como tú les llamas —murmuró Jack, que se sentÃa tan inquieto y descorazonado por la escena anterior, que se hubiera escabullido, a no impedÃrselo Emil.
—Con mucho gusto; ya me dirán qué les parece —contestó Dan y colocó una mosca en el campo del microscopio.
Jack se inclinó a mirar y alzó la cabeza en seguida, murmurando espantado:
—¡Qué barbaridad! ¡Vaya una trompa que tiene! Ya comprendo por qué duele tanto cuando pica.
—¡Me ha hecho un mohÃn! —gritó Nan, que habÃa metido la cabeza por debajo del hombro de Jack.