Hombrecitos
Hombrecitos —No, querido mÃo. Su poder no alcanza ni alcanzará a tanto. Aún tienes que esperar mucho tiempo, hasta que tus ojos tengan poder suficiente para ver la más invisible de las maravillas de Dios. Pero mirando todo lo bello que puedes ver, comprenderás lo mucho bello que no puedes ver —contestó el maestro, acariciando al chiquitÃn.
—Bueno; Daisy y yo pensamos que los ángeles deben tener las alas como las de esa mariposa que vemos a través del cristal, pero de oro y más suaves.
—Créelo si te agrada, y guarda tus alitas brillantes y hermosas, pero no vueles hasta que pase mucho tiempo.
—Bueno, hijos mÃos; tengo que hacer; los dejo con su nuevo catedrático de historia natural —exclamó tÃa Jo, saliendo muy satisfecha.
Asà terminó, aquel dÃa, la clase de composición.