Hombrecitos
Hombrecitos —Porque los animalitos corren tanto que van a dejar limpio el árbol.
—Hay para todos —murmuró Rob.
—No lo creas; quedan pocas.
Corrió Robby; dio un vistazo al árbol y se alarmó al convencerse de que los animalitos no perdían el tiempo. Avisó a Teddy y comenzaron a recolectar activamente, mientras las ardillas gruñían entre el ramaje.
Aquella noche sopló viento fuerte, que hizo caer muchas avellanas; tía Jo, al levantarse sus hijos, les dijo:
—Las ardillas los dejan sin cosecha.
—¡No faltaba más! —gritó Robby, tragando apresuradamente el desayuno y corriendo a defender lo suyo.
Teddy hizo lo mismo; ambos hermanos trabajaron sin parar, recogiendo y llevando avellanas al granero. Pronto tuvieron guardada la segunda partida. En esto sonó la campana anunciando la hora de entrar en la escuela.
—¡Papá! ¡Papá! —suplicó Rob, entrando en la clase con las mejillas rojas y el pelo alborotado—. ¡Permíteme que siga recogiendo avellanas! Si no, las ardillas se las llevarán todas. Luego daré las lecciones.