Hombrecitos
Hombrecitos —Esto dulcifica mi amargura y me hace confiar en ustedes. Tengo que volver a la ciudad, y los abandonaré durante algunas horas. Pensé darles asueto por hoy o dejar que algunos fuesen a visitar a su familia; pero, si quieren quedarse y seguir dando clase con Franz, me alegraré mucho y me sentiré orgulloso de mis amados discÃpulos.
—¡Queremos quedarnos! ¡Queremos quedarnos! ¡Franz nos dará lección! —respondieron los muchachos, satisfechos de la confianza depositada en ellos.
—¿No ha vuelto mamá? —preguntó tristemente Rob, porque la casa sin mamá era para él como el mundo sin sol.
—Los dos volveremos por la noche; tÃa Meg necesita ahora mucho a mamá, supongo que te gustará prestársela un rato…
—Bueno; pero Teddy llora, llama a mamá, le ha pegado a la niñera y está muy irritado —observó Rob, creyendo que tan importantes novedades apresurarÃan su vuelta.
—¿Dónde está mi hombrecito…?
—Dan se lo llevó, y logró consolarlo. ¡Mire qué contento está! —dijo Franz, señalando la ventana, por donde se veÃa a Dan paseando al chicuelo en el cochecito, rodeado de los perros.