Hombrecitos
Hombrecitos —DesearÃa saber por qué las cosas de comer hacen daño cuando son hurtadas, y no hacen daño cuando se comen en la mesa —preguntó Zampabollos.
—Tal vez porque la conciencia afecta al estómago —contestó tÃa Jo sonriendo.
—DeberÃa contarnos otro, mamá Bhaer —suplicó Nat.
En ese momento apareció Rob arrastrando la colcha de su camita, y diciendo a su madre:
—Oà mucho ruido; pensé que estaba ardiendo la casa y he venido a enterarme.
—¿Y crees tú, niño malvado, que yo me iba a olvidar de ti? —exclamó tÃa Jo, aparentando seriedad.
—No; pero pensé que te alegrarÃas viéndome sano y salvo.
—Donde quiero verte es en la cama; anda ya y acuéstate.
—Eso es lo que debes hacer —observó Emil—, porque todo el que entra aquà tiene la obligación de contar un cuento, y tú no sabes.
—SÃ, sé. Le cuento a Teddy muchos cuentos de osos, y de la luna y de mosquitos que hablan.
—Pues cuenta uno o te llevo a la cama —observó Dan.
—Bueno, pero espera que lo piense —contestó Rob, embozándose en la colcha—. Bien, ya está pensado el cuento.