Hombrecitos
Hombrecitos —¡Bravo! —exclamó Dan—. Ese muchacho es muy simpático.
—TÃa Jo —observó Medio-Brooke—. ¡Estoy dispuesto a traerle leña!
—Mamá Bhaer —insinuó Nan—. ¡Cuéntenos algo de cualquier niño malo! ¡Eso me divierte más!
—Prefiero oÃr algo de cualquier niña malvada y antipática —advirtió Tommy, que estaba pasando un mal rato con los celos de Nan. Las manzanas le parecÃan amargas; las castañas, insÃpidas; duras las nueces; y angustiosa la vida, al ver a Nan charlar jovialmente con Ned.
Pero tÃa Jo se encontró con que Rob estaba profundamente dormido, lo envolvió en la colcha y lo llevó a la cama, renunciando a contar más cuentos.
—Veremos quién entra —murmuró Emil, dejando la puerta tentadoramente entreabierta.
—¡Es tÃo Fritz! RÃanse fuerte, y asà entrará —dijo Emil. Estalló una carcajada, y, en efecto, apareció papá Bhaer.
—¡Hola! ¿Están contentos, hijos…?
—¡Cayó en la trampa! —gritaron los muchachos, enterando al maestro de la obligación que habÃa contraÃdo.