Hombrecitos

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Entonces surgió la gran sorpresa. Primero cayó una cuerda; luego se oyó la voz de Emil que gritaba: «¡Iza! ¡Aferrar!», y se oyó a Silas que contestaba: «¡Firmes, ahora, firmes!». Estalló una carcajada general, saludando la aparición de cuatro cosas que querían ser ratas grises, con patas y rabos de trapo, y ojos formados con cuentas negras de vidrio. Los supuestos roedores fingían ir tirando de una magnífica carroza, formada por la mitad de la descomunal calabaza y las ruedas del cochecito de Teddy. Muy tieso en el pescante, con peluca blanca de algodón, y sombrero de picos, pantalón grana, casaca galoneada y restallante fusta dejóse ver el cochero. Era Teddy. El público lo recibió con un aplauso cerrado. Tío Laurie dijo:

—Si pudiese encontrar un cochero así, ahora mismo lo contrataba y me lo llevaba a casa.

Detúvose la carroza; el hada hizo subir a Cenicienta, y ésta se alejó triunfalmente, enviando besos al público.





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