Hombrecitos

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—Ahora echa a correr detrás de mí, a ver si puedes alcanzarme —y se alejó velozmente, mientras Rob recogía el zapatito y salía en persecución de su adorada.

En el tercer cuadro, según todo el mundo sabe, el heraldo del Príncipe va probando el zapato de plata a todas las damas. Teddy, con su traje de cochero, entró haciendo sonar una caracolita. Las dos hermanas de Cenicienta quisieron calzarse el zapatito. Nan se obstinó, y para que entrase hizo como que se cortaba un dedo; el heraldo se alarmó y comenzó a gritar; acudió Cenicienta que aún no había acabado de ponerse el vestido andrajoso, metió el pie en el zapatito, y anunció con júbilo:

—¡Yo soy la Princesa!

Daisy lloró, pidió y obtuvo perdón, pero Nan, amiga de la tragedia, se dejó caer desmayada al suelo, y allí se quedó contemplando el final de la representación.

Llegó el desenlace; el Príncipe entró corriendo, se arrodilló y besó la mano de Cenicienta, mientras el heraldo con toda la fuerza que pudo, sopló en la caracola, amenazando con dejar sordo al público.

No cayó el telón, porque Pelito de Oro salió de la escena y se confundió con los espectadores, preguntando:

—¿Verdad que lo he hacido muy bien…?


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