Hombrecitos
Hombrecitos —Este es el reservado de Medio-Brooke y mÃo; nosotros lo hemos fabricado y nadie, sin nuestro permiso, puede subir a él, excepto Daisy, pero no nos molesta que Daisy venga —advirtió Tommy, mientras Nat miraba embelesado el arroyuelo murmurador.
—¡Esto es hermosÃsimo! ConfÃo en que me permitirás subir en alguna ocasión. Jamás he visto nada tan bello; quisiera ser pájaro, para vivir siempre en este nido —dijo Nat.
—Verdaderamente es lindo. Puedes subir si Medio-Brooke te autoriza, y supongo que te autorizará, porque la otra noche le oà decir que eras muy simpático.
—¿De veras? —insinuó Nat, con sonrisa jubilosa.
—SÃ; a Medio-Brooke le agradan los niños pacÃficos y espero que serán buenos amigos si tú procuras leer tan bien como lo hace él.
Nat se sonrojó al oÃr estas palabras, y después, balbuceó:
—No leo muy bien porque nunca he tenido tiempo para aprender; ya sabes que he vivido tocando el violÃn para comer.
—A mà me gusta leer, y leo bastante bien cuando hace falta —afirmó Tommy extrañado, al verse ante un chico de diez años que no sabÃa leer.
—Puedo leer un trozo de música —añadió Nat.
—Yo no —murmuró Tommy, con cierto respeto.