Hombrecitos
Hombrecitos —Me propongo estudiar y aprender todo lo que pueda. ¿Son muy difÃciles las lecciones del señor Bhaer?
—No, son sencillas; cuando se presenta alguna dificultad, la explica hasta que entendemos. Otros maestros no son asÃ. El que yo tuve antes, cuando nos atascábamos en una lección, nos daba coscorrones —dijo Tommy rascándose la cabeza, al evocar los enérgicos métodos de enseñanza del otro maestro.
—Creo que podrÃa leer esto —dijo Nat, después de haber ojeado uno de los libros guardados en el escondrijo del niño.
—Pues lee un poco, yo te ayudaré.
Nat, tropezando y tartamudeando algo, leyó lo mejor que pudo y supo, auxiliado cariñosamente por Tommy, que declaró con suficiencia que pronto su amigo leerÃa tan bien como el mejor de la casa. Luego se enfrascaron en animada charla infantil, acerca de diversos temas y en especial de jardinerÃa, porque Nat, desde su elevado asiento, preguntó qué habÃa sembrado en los cuadros de terreno que veÃan en la otra orilla del arroyo.
—Esos cuadros son nuestras haciendas. Cada cual tiene su finca y siembra en ella lo que le agrada; pero no podemos escoger mucho ni hacer cambios hasta después de la recolección, y tenemos que cuidar nuestros campos durante el verano.
—¿Qué has sembrado tú este año…?