Hombrecitos
Hombrecitos —¿Ya no eres pequeño? —preguntó respetuosamente Nat.
—Tengo más de diez años.
—Sabrás muchas cosas, ¿verdad…?
—SÃ, como tengo la cabeza gorda y abuelito dice que hay que llenarla, meto en ella todo lo que puedo aprender.
Nat rompió a reÃr y luego exclamó:
—Haz el favor de continuar.
—Un dÃa me encontré un libro muy bonito y quise jugar con él, pero el abuelo me dijo que no jugase con aquel libro, me enseñó las estampas y me las explicó. Me entusiasmó mucho lo queme contó de José y de sus hermanos, que eran malÃsimos y de las ranas que salÃan del mar, y de Moisés chiquirritito en el agua, y de otras cosas muy bonitas; pero lo que más me gustaba era lo referente al hombre bueno, y tantas veces hice que el abuelo me lo contara que lo aprendà de memoria, y, entonces, para que no se me olvidara, el abuelito me regaló este cuadro; lo trajeron aquà una vez que me enfermé, y lo dejé para que puedan verlo otros chicos cuando estén enfermos.
—¿Era rico Cristo?