Hombrecitos

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—¡Qué, no! Había nacido en un pesebre, y era tan pobre que cuando fue mayor no tenía ni casa donde vivir ni más comida que la que la gente le daba, y Él iba predicando a todos y tratando de que todos fueran buenos, hasta que hombres perversos lo mataron.

—¿Porqué?

—Mira, voy a contarte todo lo que yo sé; tía Jo no se incomodará —y así diciendo, Medio-Brooke se sentó en el borde de la cama inmediata a la de Nat, satisfecho de poder narrar su historia favorita a un oyente tan atento.

Hummel asomó por el dormitorio, y al ver lo que ocurría deslizóse sin ruido en busca de mamá Bhaer, diciéndole emocionada:

—¿Quiere usted, señora, contemplar un espectáculo bellísimo…? Venga y verá a Nat que escucha, con toda el alma, a Medio-Brooke, que le está contando la historia del Redentor del mundo.

La señora Bhaer había pensado hablar con Nat antes de que el niño durmiera, pues sabía la eficacia de un buen consejo en el momento de entregarse al sueño.

Mas, cuando llegó al dormitorio, cuando contempló al nuevo huésped y escuchó con fervoroso recogimiento el dulce y conmovedor relato que Medio-Brooke hacía, la buena señora, con las pupilas llenas de lágrimas, se retiró pensando:


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