Hombrecitos
Hombrecitos —Me guardaré de intervenir; Medio-Brooke está haciendo por ese pobre niño más de lo que yo pudiera hacer.
Por largo rato, y sin que nadie le impusiera silencio, siguió sonando aquella vocecita infantil, eco de un corazón inocente que predicaba a otro el sublime sermón de la Redención humana. Luego, cuando la señora Bhaer entró a apagar la luz, vio a Nat profundamente dormido, con el rostro vuelto hacia el cuadro, como si hubiese aprendido a querer al hombre bueno que tanto amaba a los pequeños y que era tan amigo de los pobres.