Hombrecitos
Hombrecitos —SÃ; tú sabes dominarte, y ya ves que Jack, por ser tan impulsivo, no se domina. Además, tocas el violÃn, y esta habilidad no la tiene ninguno de tus compañeros; en fin, estás resuelto a aprender y esto sólo es llevar andada la mitad del camino. Al principio todo parece difÃcil y te descorazonarás, pero estudia con constancia y verás que todo te va resultando más fácil.
—SÃ, señor —murmuró—, aún cuando poco, algo sé: sé dominarme: los golpes de mi padre me enseñaron; puedo tocar el violÃn, a pesar de que no sé dónde está el golfo de Vizcaya —y añadió en voz tan alta que llegó a oÃdos de Medio-Brooke—: Necesito aprender y lo intentaré; nunca fui a la escuela, pero no fue culpa mÃa, y si mis compañeros no se burlan, procuraré alcanzarlos. Usted y la señora son muy buenos.
—No se burlarán de ti, y si se burlan, yo…, yo… les diré que hacen mal —exclamó Medio-Brooke, olvidando por completo dónde estaban. La clase se detuvo en siete por nueve, y todos miraron con curiosidad.