Hombrecitos
Hombrecitos Juzgando que para dar una lección era oportuna en aquel momento la aritmética, el señor Bhaer habló a los chicos de Nat con tan interesante y conmovedora relación, que los pequeños de excelente corazón, le brindaron auxilio y se sintieron orgullosos de poder enseñar algo al admirado violinista. Así fue como Nat comenzó a tener menos obstáculos, pues todos estaban dispuestos a tenderle una mano, a fin de que subiese la escalera de la sabiduría.
Hasta que se restableciera, no convenía que estudiase mucho el nuevo alumno; por ello, la tía Jo le buscó entretenimientos en casa, para que se distrajera. El jardín era la mejor medicina para el chico; trabajaba como un castor, labraba su hacienda, sembraba habas, contemplaba con entusiasmo cómo crecían, y gozaba viendo surgir los verdes brotes y los floridos tallos.
Medio-Brooke era su amigo; Tommy, su protector, y Daisy, el consuelo de todas sus penas, porque aunque los niñitos eran más pequeños que él, huía por timidez de los atrevidos juegos de los mayores, y por instinto buscaba la inocente compañía de los chiquitos.