Hombrecitos
Hombrecitos —¿Y le diste palmetazos a nuestro anciano y queridÃsimo papá Bhaer…? ¡Caramba, me gustarÃa verte hacerlo ahora! —rugió Ned, encolerizado, atizando un puñetazo a Emil.
—Pasó hace mucho tiempo; primero me cortarÃa la cabeza que volver a pegar a nuestro excelente maestro —contestó Emil, apoyándose en Ned, en vez de obsequiarle con un bofetón, según acostumbraba hacer con menos motivo y en ocasiones menos solemnes.
—¿Cómo pudiste pegarle a papá Bhaer? —preguntó Medio-Brooke horrorizado.
—Creà que no me importarÃa y hasta pensé que me agradarÃa. Pero, al descargar el primer golpe, recordé cuánto habÃa hecho por mà y no pude seguir. Si me hubiera escupido y pisoteado no hubiera sentido tanta vergüenza ni tanta aflicción —murmuró Emil golpeándose el pecho arrepentido.
—Nat lloraba y su pena era inmensa; creo que no debemos darnos por enterados de lo sucedido —propuso Tommy.
—Me parece bien; pero conste que mentir es algo muy feo —observó Medio-Brooke, encontrando que la fealdad de la mentira aumentaba cuando el castigo no recaÃa sobre el culpable y sà sobre el bonÃsimo e inocente maestro.
—Pues vámonos cuanto antes para que Nat no nos encuentre —indicó Franz.